La Baja Edad Media

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Recuperación económica y primeros reinos

El siglo XII recogió loa frutos del crecimiento experimentado durante la centuria anterior. El incremento de la población y la revolución agraria habían generado unos excedentes de producción que propiciaron el desarrollo del comercio. El escenario de esta nueva actividad económica fue la ciudad, que recuperó entonces el protagonismo perdido durante la Alta Edad Media. En consecuencia, en el contexto urbano se impusieron otros estilos de vida y comenzó a arraigar una nueva cultura.
En paralelo, el desencuentro político e ideológico entre el papado y la autoridad secular produjo episodios de gran tensión como la Querella de las investiduras, disputa por el derecho a conferir los cargos eclesiásticos. La llegada de Federico I, conocido como Barbarroja, al trono del imperio germano elevó la tensión. El nuevo emperador deseaba imponer su supremacía sobre el papado y se propuso extender su área de influencia hasta el sur de Italia.
En la península itálica, los poderosos comuni (ciudades-estado independientes) se aliaron en la Liga Lombarda para defender sus privilegios y oponerse a la incursión de Federico I. El papa, los pies al emperador. Entretanto, tras la Primera Cruzada, Jerusalén volvió a manos cristianas, pero su lejanía respecto a Occidente complicó en gran medida su defensa; así, llegaron a organizarse ocho cruzadas, en el transcurso de la cuales nació la célebre Orden de los Templarios. Mientras, los avances tecnológicos trajeron mejoras sociales y económicas, reflejadas en el florecimiento de las ciudades y la conquista de nuevas tierras (en el este por la roturación y en norte por el comercio marítimo).

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