La Baja Edad Media

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Primeras Cruzadas

En 1076, loa turcos selyúcidas conquistaron Jerusalén al imperio bizantino, Entonces, y a pesar de los roces existentes entre los dos imperios cristianos (de oriente y occidente, agudizados desde la Gran Cisma de 1054), el emperador Alejo I Comneno solicitó en 1095 la ayuda de Occidente para proteger a los cristianos de Oriente y retomar la Tierra Santa. El papa Urbano II asumió el encargo y en el Concilio de Clermont invitó a todos los príncipes de la cristiandad a unir sus fuerzas para defender el Imperio de Oriente de la creciente presión turca y, además, para liberar el Santo Sepulcro de los infieles. Gran parte de la sociedad, ricos y pobres, nobles y plebeyos, caballeros y campesinos, fue cautivada por la promesa de la indulgencia plenaria y por la idea de poder adornar su pecho con la cruz de Cristo y convertirse así en cruzados.

La idea de una expedición a Tierra Santa también ganó popularidad gracias a la labor propagandística del clérigo francés Pedro de Amiens, más conocido como Pedro el Ermitaño, un peculiar y carismático asceta que recorrió ciudades y campos incitando a las masas a luchar contra los infieles al grito de ¨´ Dios lo quiere ´´, una formula probablemente extraída de los discursos de Urbano II. Pedro pasó a la historia por haber liderado la Cruzada de los Pobres, una expedición de hombres y mujeres, en su mayoría de extracción social, que posteriormente ha sido considerada como la precursora de la Primera Cruzada de los Príncipes. La predicación en Colonia de Pedro el Ermitaño, durante la Pascua de 1096, en la que invitada a peregrinar a los lugares santos para obtener el perdón de los pecados, tuvo un fuerte efecto en Walter el indigente, un caballero pobre pero extremadamente diestro con las armas que lo dejó todo para seguirle. En torno a estos dos personajes se reunió este primer grupo de la Cruzada de los Pobres, caballeros sin posesiones y sin posibilidades de herencia, campesinos sin tierra, pobres acostumbrados a peregrinar y mendigar, y aventureros. Esta expedición dejó a su paso un reguero de sangrientas masacres entre las comunidades hebreas de algunas ciudades, aunque finalmente, diezmada por las enfermedades y el hambre, fue aniquilada por los turcos en Nicea en 1096.

A finales de ese año, partió hacia Oriente de la Primera Cruzada de los Príncipes (o de los Nobles), formada por señores feudales y caballeros franceses, normandos e italianos, adiestrados en el manejo de las armas y en la guerra. El 6 de junio de 1099 los cruzados, agotados por la sed, las enfermedades y el calor, llegaron a Emaús, a unos diez kilómetros al noroeste de Jerusalén, desde donde se vislumbraban los muros de la cuidad. Tras algo más de un mes de asedio, la ciudad fue ocupada por las tropas cristianas y sometida a violentos saqueas y destrucciones.

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