Historias que nos sacan lagrimas o risas.

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Historias que nos sacan lagrimas o risas. Lazarillo de Tormes

Hay muchas cosas en la vida que nos suelen poner a meditar, aunque no diríamos a meditar sino solo a pensar, es que la meditación es una cosa más profunda que el solo pensar, la meditación diríamos que nos lleva a dejar de lado nuestra razón para aceptar que otros tienen la razón y que muchas veces estamos equivocados, el hecho de solo pensar es simplemente recordar y dubitar vagamente sin sentido alguno, como si fuera algo pasajero que no requiere de mayor atención porque al rato ya se nos olvida.

Leer relatos como el de un mendigo que cae en manos de diversos amos y como este en su mendicidad trata de sobrevivir porque a la final la vida no le da mejores oportunidades, nos puede dejar un poco incómodo porque esperaríamos que tuviera mejor suerte, a pesar de que no sabemos si es un relato real o solo es algo que el escritor se le antojó escribirlo para entretener su mente y la de los lectores.

Extracto del Lazarillo de Tormes.

A continuación dejamos un pequeño extracto de aquella historia del Lazarillo de Tormes y su delicada forma de vida en medio de la podredumbre de personas con cualidades detestables que le rodeaban.

A esta hora entró una vieja que ensalmaba, y los vecinos. Y comiénzanme a quitar trapos de la cabeza y curar el garrotazo. Y como me hallaron vuelto en mi sentido, holgáronse mucho y dijeron:

«Pues ha tornado en su acuerdo, placerá a Dios no será nada.»

Y tornaron de nuevo a contar mis cuitas y a reírlas, y yo, pecador, a llorarlas. Con todo esto, dieronme de comer, que estaba transido de hambre, y apenas me pudieron remediar. Y así, de poco en poco, a los quince días me levante y estuve sin peligro, mas no sin hambre, y medio sano.

Luego otro día que fui levantado, el señor mi amo me tomó por la mano y sacome la puerta fuera y, puesto en la calle, díjome:

Lázaro: de hoy más eres tuyo y no mío. Busca amo y vete con Dios. Que yo no quiero en mi compañia tan diligente servidor. No es posible sino que hayas sido mozo de ciego.»

Y santiguandose de mí, como si yo estuviera endemoniado, se torna a meter en casa y cierra su puerta.

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